Opinión

No hay mal(vina) que por bien no venga

El reclamo por las Islas Malvinas, otra vez, en el centro de la escena.

Por Julián Lambert (*), especial para NOVA.

 

 

Veinte años no es nada, dice el tango. Bueno, treinta no es mucho más que nada tampoco. ¿Se puede aprender algo en treinta años? Tengamos en cuenta que es, como insinuamos, poco tiempo. Bueno, sí, quizás se pueda aprender bastante en ese lapso, pero, más claro nos queda hoy cuan fácil es demostrar que no se aprendió absolutamente nada.

 

Las Islas Malvinas son hace ya largo tiempo, por sobre todas las cosas, un rotundo símbolo de patriotismo y amor propio nacional. Lo eran inclusive hace más de treinta años, y como para agregarle la dosis de heroísmo y emoción justa, cual película melodramática, le adjuntamos una guerra absurda ante la mayor potencia histórica de la humanidad la cual arrojó una obvia derrota abismal. ¡Katabum!

 

El reclamo argentino, hoy puesto nuevamente en (nuestra) escena, basa sus postulados en la proximidad de las islas con el territorio nacional, geográficamente inobjetable. Pero nada es tan sencillo. Lo que se omite tener en cuenta es la historia. De los casi 202 años de historia argentina, 178 años las islas tuvieron ocupación permanente inglesa, y los restantes la ocupación fue sólo animal y vegetal. Hoy, los “falklanders” se sienten más británicos que argentinos, eso teniendo en cuenta que estuvieron toda su vida (los actuales y sus antecesores) a menos de 500 kilómetros del territorio continental argentino y a más de 12.000 de su tierra natal. Pucha, ¿no habremos hecho algo mal? Con la geografía no siempre alcanza.

 

No está en nuestra agenda aprender de los errores, claro está, por eso hoy se intensifican los bloqueos y las hostilidades para con los “malvileños”. La prepotencia es nuestro lema, la necedad nuestro estandarte. Lo hizo en su momento el polo más duro y combatido de la derecha (por ponerlo en términos políticos) y ahora lo retoma descaradamente, bajo la sábana de la diplomacia, la pseudo-izquierda de turno que tanto condena a aquellos.

 

El mismo mal, la misma pena. Has de beber idéntica sustancia en distinto vaso y no te anoticiarás, mientras los 500 kilómetros, cual Pangea y Pantalasa, se estiran y se estiran más.

 

Como si todo este circo patriótico no tuviera la suficiente carga de irracionalidad, se torna evidente, una y otra vez, que es una mera pantalla para mantener el vigor activo pero, por sobre todas las cosas, enfocado en una dirección que no entorpezca el accionar interno.

 

Sauron alguna vez posó su enorme ojo sobre aquel descomunal ejército cuando en realidad el anillo lo tenía a sus espaldas un simple hobbit (analogía sólo apta para cinéfilos). En síntesis, ¿para qué confrontar entre nosotros si podemos confrontar con los de afuera? ¿Entre nosotros discrepamos? ¡Qué importa! El eje del mal está allá, en el fastuoso imperio colonialista (Chávez dixit).

 

Seguramente alguna vez ya lo mencioné: es sin dudas admirable el manejo mediático que tiene este gobierno. Supera, en ese rubro, a todos sus predecesores. Son nefastos los usos que le da a ese “talento” mediático, pero ello no logra evitar que me genere admiración. Nos tuvieron varios días a la expectativa de un comunicado que diera a conocer una medida totalmente transgresora en lo que al reclamo territorial compete, que “sacudiría al mundo”, que haría temblar la Casa de Windsor.

 

Y obvio, ¡no pasó absolutamente nada! Se condenó la “militarización” de las islas (aunque Williams y sus colegas vienen todos los años, casi de rutina sus movimientos) y el único anuncio que se hizo fue la construcción de un hospital mental para ex combatientes. ¿Es una cargada? No, eso pasó. ¿Y lograron su objetivo? Claro, instaurar nuevamente el fervor patriótico banal y asegurar que “Sauron” mire hacia otro lado al menos de acá al 2 de abril.

 

A todo esto, ¿qué joraca hace Sean Penn acá metiendo la cuchara? Todo suma, diría alguna abuela. La carpa del circo ya está completamente armada, todo listo para la seguidilla de funciones. ¿Pasó alguna vez este circo por este pueblo? Mmm, yo creo que sí, habría que preguntarle a algún viejo memorioso del bar de la esquina. Mientras entretenga, no hay mal que por bien no venga.

 

 

(*) Autor de www.indignadosclub.com.ar

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