Opinión

Sobre la tragedia en Once

Alfredo Antonuccio.

Por Alfredo Antonuccio, especial para NOVA.

 

 

El Estado Nacional subsidió con 57 millones de pesos diarios y la empresa TBA nunca hizo ninguna inversión que hicieran a las mejoras del servicio. Parece una verdadera tomadura de pelo de estas privatizaciones que heredamos; hoy tenemos las graves consecuencias que son de público conocimiento. Nunca tampoco se hizo una rendición de cuentas desde TBA; por eso Leandro Despouy, titular de la Auditoria General de la Nación,  fue terminante “ya están dadas todas las causales para pedir la rescisión de la concesión”; se le hicieron cuatro auditorías y el incumplimiento, además de la falta de inversiones, fue sistemático.

 

Allá por los 90’, mientras fábricas enteras dejaban en la calle a cientos de miles de compatriotas, unos pocos empresarios “la levantaron con palas”, entre ellos la propia familia Cirigliano, propietaria de TBA; y también propietaria  de las líneas de autobuses la 61 y la 62; participación en la línea de subterráneos de Río de Janeiro; el tercio de la concesión del Ferrocarril General San Martín, la ex Río de la Plata (VIASUR) y montones de firmas como la Morrinson, los emprendimientos ferroviarios, LUA, etcétera.

 

Por eso, nunca va a poder pagar la familia Cirigliano las cincuenta vidas perdidas y la recuperación de más de 600 heridos con sus respectivas familias sufrientes después del accidente de la estación terminal ferroviaria del Once del ferrocarril Sarmiento. Esto sin dudas parece ser el trágico saldo de veinte años de destrucción sistemática y el abuso y mal manejo de subsidios del Estado, éste, el más grave accidente que se vio en los últimos ochenta años en nuestro país.

 

Comparto las palabras de un editorialista sobre este gravísimo acontecer, al decir que, junto a los accidentados y muertos, también murió esa suerte de híbrido heredado de sistema ferroviario agonizante con parches agregados, para garantizar que la gente llegue al trabajo en tiempos necesarios de reactivación, porque ayer esa misma gente no llegó al trabajo. En homenaje a esas víctimas que no aparecerán en los obituarios pomposos del diario La Nación, lo mínimo que puede hacerse es recuperar los trenes para la sociedad de una vez por todas.

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